Cuidemos la Persona del Anticristo

viernes, julio 28, 2006

LA SOCIEDAD DE LOS POETAS DE LA MUERTE


Hace alrededor de un mes José Pizarro Caravantes, conocido como El Divino Anticristo, fue dado de alta de la clínica donde había sido internado. La medida fue tomada debido a la presión ejercida por unos enardecidos poetuchos que, usando como punta de lanza a dos estudiantes, una universitaria de 2º año de obstetricia y una niña de sólo 15 años, lanzaron una cerrada sarta de tonteras a través de los medios, logrando con ello que el Alcalde de Santiago diera la orden a su encargado del programa rescate social, de anticipar el alta del Divino Anticristo, dejándolo nuevamente en la calle, donde está ahora, sin más ni más.

Aquel funesto día en que el Divino salió de la clínica, fue vitoreado por un grupo de imbéciles, siendo el peor de todos un tal Zurita, que ni se arrugó al mandarlo de vuelta a la calle. Todo esto a vista y paciencia de la familia , que en más de veinte años no había tenido ni la más remota posibilidad de atender a su hermano, quien durante todo este tiempo ha vivido bajo el rigor de la calle y que logró, con inteligencia, mantenerse activo, vigente y autosuficiente. Ahora, que se presentaba una posibilidad de aglutinar toda esa tremenda experiencia y que podría incorporarse a su núcleo familiar bien constituido, la inconsistente obsesión de un grupo de "intelectualillos", echa todo por la borda.

A esos falsos poetas atrincherados en un sucucho llamado Flor de Liz, no les interesa lo más profundo de las letras, que es finalmente la persona. Sólo buscan truculencias en que malamente inspirarse, o desafortunados como el Divino de quien aprovecharse.

Yo los nombro: LA SOCIEDAD DE LOS POETAS DE LA MUERTE,
DE LOS TONTINES SIN MEDIDA.

Ricardo Pizarro Caravantes

Hermano del Divino

domingo, julio 16, 2006

DIVINO ANTICRISTO REQUIERE CUIDADOS TERRENALES

José, (primero de der. a izq.) con sus hermanos.

Han pasado algunas semanas desde que José fue dado de alta y la pregunta que aún no puede ser resuelta es ¿qué es lo mejor para él?. Unos dirán que sería bueno internarlo para mantenerlo tranquilo o mejor dicho dopado hasta casi borrarle la conciencia, despues de todo estaría en un lugar seguro y lo que es mejor "bien atendido". Otros apostarán a que, en nombre de la libertad, siga vagando y vagando eternamente, sin considerar que esa vida a la intemperie, acumulando fríos invernales y deficiente alimentación podría desencadenar un prematuro mal físico que lo dañe por completo, perdiéndolo en alguna sala común de cualquier hospital.

Otro aspecto a considerar es lo que quiere el propio José, atendiendo a su condición de ciudadano con pleno derecho a expresar su voluntad, aún cuando ésta se encuentre condicionada por factores como su enfermedad y también por personas que temiendo perder el "atractivo turístico" que imprime al sector, lo condicionen para que se niegue a recibir cualquier tipo de asistencia y de este modo asegurar su presencia en el lugar hasta que......hasta que el destino diga.

Como se señalaba en una nota anterior José, primero que todo, es un ser humano y como tal goza de todos los derechos constitucionales garantizados por el Estado. Poniendo especial énfasis, en este caso, en el artículo 19, punto 9 de los derechos y deberes constitucionales, referente a la protección de la salud. el cual dice: El Estado protege el libre e igualitario acceso a las acciones de promoción, protección y recuperación de la salud y de rehabilitación del individuo. Algo que claramente en estos momentos no se está cumpliendo.

José, se ha ganado el cariño y el respeto de la comunidad. Es un caso único en el país pues nunca un enfermo, en situación de calle, había causado tanto impacto al punto de ser admirado por los propios médicos.

Buscando una red de protección

Como se ha visto, no es fácil encontrar una solución única que resuelva toda la problemática de José. Sus carencias son múltiples. Su personalidad, fuerte, muchas veces no permite un acercamiento más allá de alguna frase y por si fuera poco existen en este momento posturas antagónicas en cuanto a cómo ayudarlo. Sin embargo dentro de todo lo negativo hay una esperanza si bien no de erradicación de su enfermedad, sí de un mejoramiento de sus actuales condiciones de vida y lo que es mejor sin necesidad de sacarlo de su entorno. Esto sería posible gracias a una adecuada red de protección, en donde participen todos aquellos que de una u otra forma son parte del círculo afectivo de José, partiendo obviamente, por la propia familia.

Las acciones concretas a realizar podrían ser:

1- Tratamiento ambulatorio, con su respectivo seguimiento, fiscalizado por la SEREMI de Salud.

2- Coordinación de los vecinos (los que siempre hayan tenido una actitud favorable hacia José), en la ejecución de tareas muy pequeñas, pero que pueden ser de gran utilidad como por ejemplo: administrar alguna medicina en el horario que corresponda. Preocuparse de que no pase frío. Procurarle agua caliente para una taza de té o café. Estar atentos a los cambios que vaya experimentando por el tratamiento. Preocuparse de su seguridad.

3- Asistencia social tendiente a resguardar sus derechos.

La idea es que José siga desempeñando su labor literaria, como a él le gusta. Pero que lo haga en condiciones medianamente normales para cualquier escritor que se precie de tal.

mailto:ricardocano35@gmail.com ASG

lunes, julio 10, 2006

JOSE PIZARRO CARAVANTES: SER HUMANO

José, (primero de izq. a der.) el año 1969 junto a su madre y sus tres hermanos.


En las últimas semanas, la opinión pública ha conocido a través de los medios de prensa, un fragmento de la particular vida de José Pizarro Caravantes, más conocido como el "Divino Anticristo" mito urbano que deambula entre la citadina realidad del barrio Lastarria.

Podría tratarse de una de esas típicas historias de alcohólicos o analfabetos errantes, olvidados por sus familia, que viven de limosnas y de los cuales nadie en realidad se hace mucho cargo. Sin embargo, José no es borracho, tiene estudios universarios y tal vez lo más importante: siempre ha contado con el amor incondicional de su familia, esa misma que hoy sólo quiere que esté en las mejores condiciones posibles.

La historia de José llama la atención porque encarna aquel mito que tanto gusta, el del estudioso que se volvió loco precisamente por estudiar tanto, pero no hay que equivocarse porque lo suyo es una enfermedad con nombre y apellido: esquizofrenia paranoide crónica, certificada por especialistas como el médico siquitra Dr. Alejandro Salinas Lancellot, la cual debe ser tratada de manera concreta y sitemática y para lograrlo hay que propiciar un tratamiento, ojalá, dentro de una institución hospitalaria.

La forma de ayudar a José, no es instando a que vague por las calles, puesto que no es un objeto de exhibición pública. Al dejarlo así, se está vulnerando su legítimo derecho a una vida digna. No se trata de encerrarlo como a un preso, para mantenerlo dopado todo el día, simplemente se trata de darle la oportunidad de una buena asistencia.

En lo que todos estamos de acuerdo es en que José es un hombre muy inteligente, culto, amante de la literatura y más que eso del saber, pero si de verdad queremos apreciar su talento, debemos propender a que éste se desarrolle de manera limpia, en condiciones hu-ma-nas, porque la idea de un ser que arrastra carritos de supermercado, creyéndose el Anticristo, es medianamente atractiva hasta que constatamos que esa persona es víctima de alucinaciones en donde él está por sobre la humanidad completa. En donde, en contrasentido, debe escabar la basura para proveeerse alimento. En donde está a merced de cualquier mal intencionado que quisiera dañarlo.

La pregunta que cada uno puede hacerse es: ¿Le negaría a mi hermano (a), la posiblidad de un tratamiento adecuado, en el caso de que padeciera un severo transtorno mental?

mailto:ricardocano35@gmail.com ASG